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Pirluit
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MensajePublicado: 27/03/2018 00:35    Asunto: Fanfic Johanot "El Retorno de Étienne", 4 Responder citando

Con paso elástico, se apresuró escaleras abajo. Las ideas bullían en su cabeza: tenía mucho que hacer. Pero lo primero era lo primero… Salió de la torre del homenaje por una puerta de servicio, cruzó los patios traseros y penetró en una torre cilíndrica y excepcionalmente alta, la más alta de toda la fortaleza, que se insertaba en una de las murallas secundarias. Tras un número considerable de escalones en espiral, llegó por fin a su cúspide, que consistía en un gran aposento techado y dividido en su interior, mediante tabiques, en otras tres pequeñas dependencias. La primera de ellas era la celda del fraile.

- ¿Estais aquí, Páter? –preguntó el Conde.

Silencio por respuesta. El clérigo se hallaba, sin duda, fuera de la torre, seguramente dedicado a sus tareas cotidianas como guía espiritual de la comunidad. De Tréville se acercó a un viejo escritorio que se hallaba junto a la ventana, tomó un rollo de pergamino de un montón que en un cesto había y cortó cuidadosamente con su daga un diminuto fragmento de la esquina. Luego mojó una de las plumas en el tintero y escribió unas palabras sobre el cuadradito de piel que había obtenido. Sopló suavemente para secar la tinta, y en ésas estaba cuando Robert volvió a su lado.

- ¡Ya está hecho, Messire!

- ¿Duerme al fin nuestro huésped?

- Sí, Messire, me pidió agua para lavarse un poco, y ropas limpias, y cuando llegué con todo ello ya había caído rendido sobre el lecho, y allí lo dejé cubierto con una manta. ¿Qué es esto?

Robert señalaba el pequeño pergamino, con gesto curioso, y De Tréville se lo acercó.

- No lo toques, la tinta puede estar fresca aún. ¿Eres capaz de leer lo que he escrito aquí?

- Tréville… dos días más camino. Ét. Edelhart conmigo –descifró Robert, con dificultad, frunciendo mucho el ceño. ¡Realmente, la letra era excesivamente pequeña!- . ¿Qué quiere decir, Messire?

- Quiere decir –sonrió el Conde, dejando el papelito sobre el escritorio- que en dos días partiré de viaje hacia el Castillo del Rey. Esto es para avisarle antes de la buena noticia. Ahora ven, que te enseñaré otra cosa. Algo muy importante, y que debes saber.

De Tréville se dirigió, a través de una puerta disimulada por un cortinón, a la siguiente estancia, que era un almacén de trastos viejos. Tras franquear una tercera puerta, ésta cerrada a cal y canto con una hoja de madera, se encontraron Robert y él en una especie de terraza, cubierta a medias por una prolongación del alero del tejado. Robert dejó escapar una exclamación: ¡en su vida se había hallado en lugar semejante!

- ¡Por todas las espuelas! –profirió- . ¡Parece que volamos!

Unos pasos más allá, y el suelo que pisaban se acababa abruptamente para dar lugar al abismo… Robert podía ver, desde allí, una gran extensión de tierra, el brillo del río, las casas y las estelas de humo de la villa, la fronda del bosque… Y por todas partes, por encima de él, sobre el techado, batiendo las alas a su alrededor… estaban las palomas. No una ni dos, sino decenas de ellas, entrando y saliendo de la torre, aterrizando a sus pies, llenándolo todo con sus arrullos.

- ¿Entiendes ahora por qué lo llamamos “El Palomar del Fraile”? –rió el Conde.

- ¡Yo pensaba que era por lo alto que estaba! –contestó Robert, divertido al ver que una de las palomas se había atrevido a posársele en la cabeza- . ¿Son para comer?

- ¡Quiá! Son nuestro sistema de correo de emergencia. Ven, que te muestro algo más. Por aquí…

Se inclinó y entró de nuevo en la torre por una puertecita disimulada, y Robert le fue detrás. Ahora se encontraban en una buhardilla que desprendía un olor acre, y por todas partes se oían arrullos y batir de alas. Cuando los ojos de Robert se hubieron acostumbrado a la penumbra, vio que estaban rodeados por jaulas.

- Las que viven libres son las nuestras, las que pertenecen a nuestro condado –explicaba De Tréville- . Siempre volverán a casa si se las suelta en otro lugar, por muy lejos que se encuentren… En cambio, las que están en las jaulas no son nuestras. Escucha bien esto que te digo: no se las debe soltar jamás… Volverían en seguida a los castillos de los que proceden, y allí las verían llegar como una señal de alarma o una petición nuestra de ayuda…

- ¿Y de dónde son? –inquirió Robert. El Conde le hizo una seña para que se aproximara a una de las jaulas y le mostró, pintado en la madera de la base, un escudo que él conocía bien- . ¡Ah! Del feudo en donde vive vuestra hermana mayor.

- Sí, y de muchos otros sitios –De Tréville abrió otra de las jaulas y, con gran cuidado, sacó una de las palomas. Robert se acercó a ver el escudo, que representaba una especie de uve mayúscula en amarillo sobre fondo negro- . Éstas son las armas del Rey Hauvon.

- ¡De Haut Von! –dijo Robert, que recordaba la historia.

- ¡Bien dicho! Asegúrate de que la jaula, y también la estancia, queden bien cerradas cuando salgamos… Ahora me ayudarás a atarle a la patita el mensaje que antes hemos preparado, y en unas horas nuestro buen Rey ya sabrá que vamos hacia su casa, y tendrá tiempo de hacernos las encomiendas necesarias y hasta de irnos preparando la mesa. Vamos, alcánzame ese pedazo de bramante y enrolla bien el papelito… Sujeta bien sus alas, para que no se nos escape. ¡Eso es!

Unos instantes más tarde, la paloma levantaba el vuelo desde la ventana de la torre y, tras unas cuantas vueltas para orientarse, se lanzaba como una flecha hacia el Castillo del Rey. Era un hermoso ejemplar de plumas grises y negras, bien criado y alimentado, y le bastaron muy pocas horas de ruta para sobrevolar las fronteras de la provincia en la cual se encontraba la morada favorita del Rey Auderic de Hauvon. Penetró directamente en el palomar que al efecto allí se encontraba, y se dirigió exhausta a uno de los comederos. No tuvo que pasar mucho tiempo para que fuese descubierta por uno de los cuidadores de las palomas reales, que inmediatamente la atrapó para desatar el pergamino de su pata. Nuestra amiga fue depositada en una jaula convenientemente dispuesta para que pudiera descansar y recuperarse a placer, y en este momento abandona nuestra historia, a punto de sumergirse en un reparador y bien merecido sueño.
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Pirluit
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MensajePublicado: 27/03/2018 00:37    Asunto: Fanfic Johanot "El Retorno de Étienne", 5 Responder citando

Era ya bastante tarde y el sol estaba a punto de desaparecer tras el horizonte. El Rey se hallaba en compañía de su esposa, la augusta Reina Blanche, en una de sus estancias privadas. Hallábanse a la sazón enfrascados en un juego de mesa, el tric-trac, muy cerca de la necesaria chimenea encendida que crepitaba sin cesar. Algo más allá, se encontraba una de las damas de compañía de la Reina, pulsando dulcemente un arpa, mientras que a sus pies se sentaba, sobre un cojín en el suelo, el pequeño paje que asistía esa noche a la pareja real. Se trataba de una apacible velada más, como cualquier otra, aunque en esta ocasión se vio interrumpida por la llegada de uno de los criados que solicitaba paso. Se acercó a la mesita de juego y ejecutó una reverencia, ofreciéndole al Rey una bandeja en la cual reposaba un diminuto pergamino.

- ¡Buenas nuevas, Majestad! Messire Tremaine, Conde de Tréville, anuncia su próxima llegada.

- ¿Tan pronto? ¡Aún no le toca prestar su servicio de armas! ¿Es que ha ocurrido algo que le obligue a venir a verme?

- Según su misiva, Sire, podría venir acompañado de Messire Étienne de Edelhart.

El Rey se incorporó de un brinco. La Reina juntó las manos, conmovida, a la altura de su corazón, y hasta la arpista dejó de tocar.

- ¡Lo sabía! ¡Lo podría haber jurado! –exclamó el buen Rey- . Sabía que ese perillán no estaba muerto… ¿Hay algo más? –aferró el papelito y se lo llevó a la nariz, muy cerca de los ojos, tratando de descifrar las pequeñas letras- . ¡No puedo leer nada de lo que pone aquí!

- Lo único que sabemos a ciencia cierta, Sire, es que Messire De Tréville llegará de forma inminente…

- ¡Magnífico! Hagamos los preparativos necesarios, entonces. Y, si es verdad que viene acompañado del pequeño Edelhart… ¡entonces sí que tendremos mucho que celebrar!

- Conozco a alguien –dijo la Reina, con dulzura- , que ciertamente también se va a alegrar mucho. Con vuestra licencia, mi señor…

Se levantó y arregló sus ropas con evidente nerviosismo. El pajecillo acudió en el acto para sujetar la cola de su vestido, y ambos abandonaron la estancia a buen paso. La Reina se apresuró hacia los aposentos de la Princesa Béatrice, la prima más joven del buen Rey Hauvon, que en ese momento estaba preparándose para ir a dormir. Una de sus doncellas pasaba un peine de marfil por sus rubios y ondulados cabellos, después de haber deshecho la prieta trenza que los recogía durante el día, mientras ella contemplaba su imagen en un espejo de plata que sostenía en la mano. Era, ciertamente, una joven muy bella, de ese tipo de belleza lánguida que tanto gustaba en la época. Su piel era extremadamente blanca, incluso sin necesidad de aplicarle los tratamientos a base de sanguijuelas que precisaban otras damas de su corte a fin de perder color y acentuar su palidez, y sus ojos eran de un azul celeste claro y transparente. A sus diecisiete años ya había conquistado unos cuantos corazones varoniles, aunque ella permanecía ajena a todo ello. Era la prima menor del Rey y conocía sus obligaciones… lo cual no le impedía, además, tener también sus propias y pequeñas ilusiones. Una de ellas, precisamente, estaba a punto de cumplirse en ese momento…

- ¡Béatrice, querida mía! –prorrumpió la Reina Blanche, haciendo su entrada en el aposento- . Os traigo maravillosas nuevas. ¡Nuestro Étienne no ha muerto! No, después de todo… ¡Étienne Edelhart vive!

- ¿Es cierto eso? –exclamó Béatrice, levantándose de golpe y dejando caer el espejo. Por fortuna, la joven tenía un almohadón a sus pies, en donde éstos reposaban, y el valioso objeto no llegó a dañarse- . ¿Cómo lo habéis sabido?

- Por una carta de Tremaine, que pronto llegará al Castillo Real y creemos que acompañado de Étienne. ¡Loado sea Nuestro Señor!

- ¡Oh, qué dicha! –volvió a exclamar la Princesa, juntando las manos- . ¡Qué ganas tengo de volverlo a ver! Así, ahora no tendré que…

Calló, prudente, pero la precaución era inútil.

- No teneis que ocultarme nada, Béatrice… –le dijo la Reina Blanche, mirándola de soslayo- . Además, ya teneis la edad suficiente.

- ¡Soy muy mayor! –musitó la joven, mirando al suelo y ligeramente ruborizada- . El mismo Rey me lo ha dicho varias veces: tendría que haber escogido un esposo apropiado desde hace ya tiempo. Y yo… acataré sus órdenes en este sentido. ¡Sean cuales sean! –concluyó, enderezándose con aspecto de tremenda decisión.

- Estoy muy segura –dijo la Reina, tomándole la mano suavemente- de que mi señor el Rey tendrá muy en cuenta mis sugerencias… y vuestros sentimientos. ¡Sobre todo ahora, que Étienne está de vuelta!

- ¿Creéis que accederá? –preguntó la joven, con semblante ilusionado- . Una siempre ha oido decir que, para las de nuestro rango, los sentimientos y hasta el amor no deben significar mucho… nada. Que los matrimonios se han de arreglar según las conveniencias de nuestros mayores, para servir a los pactos entre las familias, los países…

- Sí, y sin embargo habeis ido encontrando mil excusas para declinar buenas propuestas y rechazar excelentes partidos, desde que mi señor el Rey anunció, en las justas de hace dos primaveras, que ya estábais en edad de que se solicitara vuestra mano… -sonrió la Reina- . ¡Lo entiendo, no creais que no! También soy mujer, al fin y al cabo.

- ¡Ah! –Béatrice se sentó de nuevo y se abrazó las rodillas- . ¿Es que fue por amor, vuestro matrimonio con mi primo?

- ¡Qué ideas! ¡Claro que no! –la Reina meneó la cabeza, elevando los ojos al techo- . Fue una alianza concertada, como todos saben. Yo no conocí a vuestro primo hasta la misma fiesta de mi petición de mano. Pero el tiempo hace nacer el amor… o, por lo menos, el cariño, y ahora soy muy feliz. ¡Así debe ser! Aunque, en lo que respecta a vos… ¡Todo se va a arreglar de la mejor manera, Béatrice! ¡La suerte parece sonreíros! Étienne y Tremaine pronto estarán de vuelta en la Corte, y todo será como antes. Y en cuanto a mi señor el Rey… tened confianza, dejádmelo a mí. ¡Yo sabré bien cómo persuadirle! Aceptad ahora este consejo: a ningún hombre le agrada que sea una mujer, y menos la suya, la que le sugiera la solución perfecta para un dilema. Es mucho mejor que piense que ha sido suya la idea, y cualquier esposa inteligente sabe esto, y también cómo hacer que su marido llegue a creerse semejante extremo…

- ¿Qué es lo que vais a hacer, querida prima?

- Ya os lo he dicho, dejádmelo a mí. Eso sí, necesito que me presteis… -la Reina se acercó a Béatrice y susurró unas cuantas cosas a su oído. Béatrice le dirigió una mirada perpleja, la Reina añadió unas palabras más y la joven asintió con la cabeza. Luego tomó una llavecita que de su cuello pendía, abrió una arqueta de oro tachonada con perlas que estaba sobre la mesa, extrajo de ella un pequeño rollo de pergamino atado con un lazo rojo y se lo entregó a la Reina Blanche, que lo guardó con presteza en una de sus mangas- . Ahora, descansad, pues el sueño es necesario para acrecentar la hermosura. ¡Y, cuando Étienne llegue, habeis de lucir bien hermosa…!

La Reina se fue, cerrando la puerta mientras dejaba escapar una risita algo traviesa. Béatrice, exultante, se dejó acostar por sus damas, y cuando estuvo por fin a solas entre las sábanas exhaló un suspiro y abrazó uno de los almohadones de seda con una sonrisa soñadora.

¡Étienne volvía…!

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Pirluit
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MensajePublicado: 27/03/2018 00:40    Asunto: Fanfic Johanot "El Retorno de Étienne", 6 Responder citando

Más tarde, en su recámara, el Rey y la Reina compartían impresiones. Las damas de compañía ya habían ayudado a su señora a desvestirse, destocarse y destrenzarse el pelo, y ahora aguardaba en la inmensa cama de dosel, recostada a medias sobre un montón de almohadones de plumas, con una toquilla sobre los hombros y un breviario entre las manos. El Rey, aún vestido con su manto orlado de armiño pero con un gorro de dormir en lugar de su habitual corona, daba paseítos en actitud meditabunda, contemplando pensativo el diminuto pergamino que todavía conservaba en la mano.

- ¡Es sorprendente, a estas alturas! –decía el monarca- . Y que en todo este tiempo no hayamos sabido absolutamente nada de él… a pesar de las mil pesquisas realizadas, de haber ordenado su búsqueda por todos y cada uno de los rincones de mi reino, de haber enviado heraldos a todas partes, de haber rastreado las zonas en donde era posible que pudiese estar, de haber hasta ofrecido recompensas a cambio de la menor pista sobre su paradero… ¡Ardo en deseos de verlo, o por lo menos de encontrarme con De Tréville y saber algo más sobre todo este misterioso asunto!

La Reina Blanche levantó la vista y cerró su librito.

- En todo caso, mi señor, bien está lo que bien termina –una pequeña y estudiada pausa- . Y, en cuanto tengais aquí a Étienne… ¿habeis pensado ya en cómo vais a premiarlo?

- ¿Eh?

- Al fin y al cabo, fue él quien salvó la vida del príncipe Gregorian, demostrando en todo momento un gran valor; y, si bien el joven Conde de Tréville tuvo ocasión de recibir el merecido galardón a su retorno…

- …galardón que rechazó por más que yo le insistiera, lo recuerdo bien. ¡Jamás había visto a De Tréville tan hundido! Pensaba que era suya la culpa de que Étienne no hubiese podido regresar con él –el Rey depositó el mensaje sobre una mesa en la que reposaban una jarra de vino y una copa de oro a medio llenar. Levantó la copa y dio unos sorbos. La Reina se incorporó un poco más sobre los almohadones, con expresión de vivo interés.

- Cuando al fin lo tengamos aquí, ¿habeis pensado qué vais a hacer con él?

- ¿Os referís a mantenerlo o no a nuestro servicio? –el Rey se encogió de hombros- . No me olvido de la petición que nos hizo, poco antes de su investidura. No me cabe la menor duda, el chaval no quiere regresar a su casa… ¡Pero, sea como sea, está en su obligación! Es hijo único del duque, y por lo tanto a él le corresponde hacerse cargo del feudo de su padre a su fallecimiento, que esperemos no sea demasiado pronto… Edelhart padre lo reclamará a su lado en todo caso, estoy seguro.

- Sin embargo, hay una manera de darle a ambas partes justo lo que quieren, sin perjudicar a nadie… y, dicho sea de paso, haciendo también muy feliz a otra persona. ¡A alguien que os es especialmente querido…!

- ¡Ah! ¡Os conozco bien, y conozco esa sonrisa! Sé que, a continuación, me vais a proponer algo interesante. O romántico.

- O acaso ambas cosas a la vez… ¿es que no podría ser?

- ¡Os escucho, mi buena Blanchette! –el Rey depositó su copa de nuevo sobre la mesa- . ¿Qué es lo que vais a decirme?

- Bien, en realidad… vuestra fue la idea –dijo la Reina, bajando prudentemente los ojos- . Cuando vuestra prima Béatrice entró en edad de merecer… ¿Lo recordais? Hace de esto dos primaveras… Fue justo después de la desaparición del pobre Étienne, muy poco después. La primera vez que ofrecísteis su mano…

- ¡Lo recuerdo bien! –dijo el Rey- . Quise darle su mano a Tremaine De Tréville, pero él declinó el honor. Y ella tampoco parecía muy dispuesta… ¡Por supuesto que habría podido hacer valer mi autoridad y casarlos, quisieran ellos o no! Mas… ¿qué ganábamos con eso? Béatrice es aún joven y bella, hay muchos más pretendientes que darían cualquier cosa por obtenerla. Por otra parte… ¡No culpé a De Tréville por el desagravio, aunque tengo que reconocer que me molestó en cierto modo! Pero el pobre hombre estaba teniendo una época muy mala, para él era como si estuviese de luto por un familiar cercano… ¡Con decir que ni siquiera quiso participar en aquellas justas! Y no me parecía pertinente forzar a una cosa así a alguien que está de duelo. Tremaine y Étienne habían sido, sí, los mejores caballeros de mi corte, aunque aún eran muy jóvenes y acababan de ser investidos…

- ¡Sois muy comprensivo, mi señor! Pero acaso lo que no conocíais era la verdadera causa de la negativa del Conde –Blanche se levantó de la cama, se acercó a su velador, sacó un rollo de pergamino de un cofre que sobre él estaba y se lo tendió al Rey- . No fue por el luto, ni tampoco por desdén hacia vuestra prima. En realidad fue… por pura lealtad de amigo. ¡Leed esto y lo comprendereis!

El Rey deshizo el lazo de seda roja que ataba el rollo, se acercó un poco más a la luz de la vela y leyó.

“Mi muy alta señora, mucho me ha costado tomar la pluma para contestar al fin a la pregunta que me hicísteis llegar por medio de vuestra dama de compañía, y muchas noches en vela y hondos suspiros me habeis arrancado con vuestra duda, pues, ¿cómo podeis dudar de una cosa así? No me culpeis por teneros en amorosa consideración, ya que gran necedad y hasta pecado sería el no teneros, dado que tantas y tan dulces prendas os adornan merced a la dadivosa gracia del Creador; o mejor debiera decir que vuestras dádivas son harto graciosas, ya que jamás se viera damisela tan bella y de tantos encantos como vos teneis, y de tan noble porte y tan notable donosura, que a las virtudes de todas las otras bellas hacen sombra. Me propongo, pues, cantar vuestras loas en este humilde pergamino, pero el tal, primero palidece, abrumado con la responsabilidad de semejante encomienda, luego se ruboriza y adquiere el tono de la mismísima grana cuando desgrano sobre el mismo la sarta de vuestras muy merecidas loas y gloso sobre él, ya la brevedad de vuestro talle, ya la luz de vuestra sonrisa, ya lo divino de vuestra mirada, ya lo glorioso de vuestro ser todo, y como no pudiera por estos medios haceros toda la alabanza que en justicia mereceis, declinan papel y pluma tal prerrogativa, y dejan más bien en manos de mi laúd y de mi indigna e insuficiente voz ese deber, o más bien debería decir ese privilegio, y si teneis a bien recibir a este vuestro ministril, el mismo estaría encantado de ofreceros las dichas loas una a una, pasado mañana, durante la cacería que ofrece nuestro señor el Rey, y acaso no sea mi actuación tan desatinada que no merezca el honor de una mirada vuestra, lo cual colmaría mi dicha y llenaría todos mis días y mis noches de una secreta esperanza.”

- ¿Y bien? Es una misiva de galanteo, cosa inocente… ¡y bastante cursi, todo sea dicho! Yo mismo he escrito miles de éstas cuando estaba en… en fin, en mis años más mozos. Nada demasiado serio, a fe mía. ¿Qué edad podría tener el autor de esta carta, a tenor de lo que en ella escribe? ¿Quince o dieciséis años? ¿Dieciocho a lo sumo?

- Es posible que frisara ya los veinte –aventuró la Reina- . El autor es Étienne Edelhart. Se la dedicó a vuestra prima Béatrice, de quien estaba prendado en ese momento, junto con otras muchas por el estilo y hasta algún poemita… ¡Sí, sí! Étienne y Béatrice se amaron en tiempos, eso es evidente.

- ¡Ja, ja, ja! –el Rey volvió a enrollar el pergamino- . Sí que es cierto que el chaval era enamoradizo. ¡Lo recuerdo bien! Siempre iba detrás de alguna damisela, y en alguna ocasión se metió en serios líos por causa de ello. Esperad… -frunció el ceño y contempló el pergamino, aún en su mano- . ¿Quereis decir que el honor de mi prima está, de alguna manera, comprometido?

- ¡En absoluto, mi señor! –se apresuró a negar la Reina Blanche, alzando las manos- . Ella es una dama de lo más respetable, y Étienne Edelhart siempre se ha comportado como todo un caballero. Pero lo que a mí me parece curioso… no es que Étienne escribiera en aquella época cientos de cartas de amor cortés, como todos sabemos, a la hermosa Béatrice y a muchas otras doncellas, ¡sino que vuestra prima aún dé en conservarlas!

Una mirada significativa entre ambos.

- Entiendo lo que quereis decirme –dijo el Rey, volviendo a desatar el lazo y abriendo de nuevo la carta, aunque sin llegar a releerla- . En suma, lo que ocurre es que Béatrice todavía tiene sentimientos por Étienne Edelhart… ¡Entonces, la cosa tiene fácil arreglo! Si no ofrecí su mano al joven, en aquella época, fue porque estaba en paradero desconocido. Yo ya había hecho proyectos para los dos muchachos, Étienne y Tremaine: uno de ellos habría de desposar a mi joven prima… ¿No eran los mejores, al fin y al cabo? ¡Sí, es una idea estupenda! –dejó la carta sobre la mesa, llenó de nuevo su copa y la levantó- . Hagamos que Étienne y Béatrice se casen; ella estará sin duda complacida con el acuerdo, y él no tendrá que volver junto a su padre. Y el viejo Edelhart se pondrá contentísimo, ya que será un matrimonio muy ventajoso que convertirá a su hijo nada menos que en príncipe consorte, y sus desdendientes estarán emparentados con la Casa Real… ¡Realmente, no puedo ofrecerle un galardón mejor!

- ¡Es una perspectiva maravillosa! ¡Qué buena idea! –exclamó la Reina, juntando extasiada las manos- . Y estoy segura, mi señor, de que vuestra noble prima aceptará encantada la noticia en esta ocasión. ¡Ella también será muy feliz!

- Siempre lo digo: ¡al final, todo se resuelve para mejor! –dijo el Rey, echándose al coleto un generoso trago- . Mañana mismo enviaré correos al viejo Edelhart, informándolo de las últimas novedades. Si todo va bien, celebraremos los desposorios de mi prima en la próxima Navidad…

Luego miró a su esposa, esbozó una sonrisa seráfica, se despojó del manto y, ya en camisa de dormir, la tomó de la mano para conducirla de nuevo al lecho. ¡Quién sabe, aquella podía ser la noche del heredero! Ella lo siguió, muy satisfecha con el desenlace de su pequeña treta y saboreando por anticipado la alegría que iba a tener la joven princesa en cuanto se enterase de las buenas nuevas… ¡Sí, sin duda, aquellas iban a ser unas Navidades memorables!

………………


FIN DEL CAPÍTULO
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Pirluit
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MensajePublicado: 18/04/2018 16:55    Asunto: Responder citando

Señor Ogro escribió:
(...) Debo confesar que hay algunas cosas que me han resultado chocantes, como el uso de la palabra "acojonar" al principio del relato (...) pero no por eso deja de resultarme llamativo leer estas cosas, que nunca leeríamos en un cómic del estudio Peyo.


Una reflexión:

Después de ver al Pitufo Vanidoso tirarse un cuesco en la cara de la Pitufita y llamar "cagarrutas" a los otros pitufos ("El Pitufo Vanidoso pierde las formas"), o bien leer en "Los Trovadores de Rocapico" cómo se usan las palabras "golfa" y "ramera" como insultos... ¿no os da la impresión de que las nuevas hornadas de obras pitufas y johanypirluitescas no son ya tan "blancas" como lo eran en su estadio original? Question
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magin
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MensajePublicado: 19/04/2018 15:09    Asunto: Responder citando

¿Dicen eso en historietas publicadas? Vale... caspeyolandia perdiendo lectores.
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1900 maginotecas. Pues a mí sí me gustan.

... y aún diré más, queridos amigos.. ¡el mar entero estaba lleno de gatos y tontos que tiraban al agua descodificadores de canal+, enchufados a una paellera
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Señor Ogro
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MensajePublicado: 19/04/2018 15:13    Asunto: Responder citando

Pues, sinceramente, yo no tengo esa impresión. Por el contrario, yo creo que se han actualizado las temáticas de los álbumes, tratando temas como el machismo, el consumismo o la ecología, pero respetando escrupulosamente el espíritu de las obras originales de Peyo y sin caer nunca en el mal gusto. Los dos ejemplos que pones hay que verlos en su contexto. En el caso de los Pitufos, se trata de un cuento infantil en el que el Pitufo Presumido es víctima de un gorro embrujado que hace que se comporte de forma totalmente alejada a su carácter, pero lo más escatológico que llega a hacer es sacarse un moco y tirarse un pedo. No me parece para tanto. (De todos modos, destaco el hecho de que este cuento es el único de los publicados en España que no está escrito por uno de los habituales guionistas de los Pitufos, sino por Valérie Magis)

En cuanto a lo de "golfa" y "ramera", son dos palabras que aparecen en una única viñeta de Johan y Pirluit, cuando dos de los malos están pegando a otro de ellos, disfrazado de damisela, para tender una trampa al héroe (ver integral de Dolmen, tomo 6, página 84). Las palabras que figuran en el original francés (escritas por Yvan Delporte, coautor de los Pitufos junto con Peyo desde sus primeros tiempos) son "gourgandine y "hétaïre", dos palabras anticuadas que no se pueden considerar malsonantes (quizá habría sido mejor traducirlas como "desvergonzada" y "libertina").

Dicho esto, disculpa por no haber comentado aún tu relato. En su momento lo dejé para cuando tuviera un rato largo tranquilo, y luego se me pasó totalmente. Embarassed
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¿Otra vez esos galopines en mi jardín? ¡Por cien mil vacas marinas! ¡Os voy a hacer trocitos a la cazuela!
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Pirluit
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MensajePublicado: 19/04/2018 22:01    Asunto: Responder citando

Sí, pero al margen del contexto en que estén escritos (lo dicen "los malos", o es todo obra de "un sombrero embrujado"), de lo que no hay duda es de que, en otros tiempos y tal vez bajo otras supervisiones, estas expresiones y dibujos no hubieran aparecido, es más, no hubiesen podido aparecer (por la censura de otras épocas). Si Peyo hubiese escrito él mismo una historia sobre un sombrero que vuelve maleducado al que lo usa, me atrevo a afirmar que las bromas hubiesen sido de otra manera, tal vez un pastelazo en la cara de alguien o una mala contestación del tipo de "vete a cocer un huevo" (y aun esa, ya sabemos todo lo que provocó).

Ojo, no estoy criticando ese giro en las expresiones usadas, más bien estoy constatando una especie de actualización, también en ese sentido. Ahora que en mi casa ya no se puede ver otra cosa que Clan, Boing y Disney Channel, estoy acostumbrada a que la escatología y los temas que en otra época eran "tabú" formen parte de las series, incluso las hechas para niños muy pequeños. Las historias del Estudio Peyo se ponen al día de muy diversas formas, creo yo, no sólo en los temas que muy bien menciona el Señor Ogro. Otra actualización en las historias de J&P, creo que ya lo comenté alguna vez, es el incluir cada vez más mujeres en las historias, y desempeñando todo tipo de roles.

Pero sí que quería resaltar el hecho de que, como se ha dicho alguna vez en este hilo, "ese lenguaje y esos temas no aparecen en una obra de Peyo"... Y yo digo que sí, que sí que aparecen. Y me parece muy bien. Yo también los pongo en mis fanfics cuando me parece oportuno, ¿por qué no?
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Pirluit
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MensajePublicado: 19/04/2018 22:12    Asunto: Responder citando

Señor Ogro escribió:
Dicho esto, disculpa por no haber comentado aún tu relato. En su momento lo dejé para cuando tuviera un rato largo tranquilo, y luego se me pasó totalmente. Embarassed


¡Mejor lo deja para unas vacaciones largas, Señor Ogro...! A ver, cada uno que lea lo que quiera (y pueda) cuando quiera (y pueda) si quiere (o puede). Yo posteo lo que voy acabando, y ya está. Son dos capítulos más y, créame, el segundo es un masque. Rolling Eyes

De hecho, había pensado no postear más, pero cuando envié el primero, el de "La noche más larga", me di cuenta que el publicar me servía a mí (egoístamente) para dos cosas: la primera, para poner punto final definitivamente a cada capítulo, de otra forma aún seguiría cambiando y retocando y ampliando y dudando. Ahora que está "lanzado" ya está todo hecho, no lo puedo variar más, y me dedico a otras cosas. La segunda ventaja es que, al ver publicadas estas cosas, las leo con más alejamiento, como si fuesen de otra persona, y es curioso, me doy cuenta de un montón de cosas que están mal, faltas de ortografía, sintaxis, repeticiones, etc... y puedo corregirlas.

Aun así, y ya lo dije en algún momento, si alguien piensa que éste no es el sitio adecuado para poner estas cosas tan largas, me lo dice y tranquilamente dejo de postear fanfic en este hilo.

De todas formas, si se anima y lee algo más, todo tipo de críticas serán, como siempre, bienvenidas. Wink
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