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El
lápiz, ese objeto. Qué escribir sobre el lápiz
que no se haya escrito tantas veces ya. Como "Made in Germany"
o "HB2" o incluso "Art. Nr. 120-2". Pero todos
estamos hartos de leer tales afrentas contra un objeto que tras
más de 230 años sigue siendo algo fundamental para
la vida humana, como el atún o los rascadores esos de madera
que dan gustirrinín cuando nos rascamos los granos (peludos
o no) de la espalda (y otras cosas).
Si
echamos la vista atrás, a nuestros años de juventud,
recordamos al lápiz como un elemento de nuestro día
a día: esas primeras frases en el colegio, cuadernos Rubio,
morder las puntas, meterte un lápiz por la oreja para ver
si sale por la otra, rallar las minas para esnifar el grafito,
en fin, las típicas cosas que todo el mundo hace. Sí,
lector, el lápiz es bueno, el lápiz es tu amigo.
Poca
gente sabe que el lápiz es un elemento de la cultura mundial
que ha sido elogiado por personajes de la talla de Van Gogh, Bismarck
o Luis II, rey francés para más señas. ¿Alguien
conoce algún otro objeto que haya sido elogiado? Aparte
del Rocket Vibrator 2300, obviamente. No, ninguno, y eso es porque
el resto de los objetos son deleznables y merecen la extinción,
así que no lo duden amigos y amigas, tiren todo lo demás
de sus casas, que ya me encargaré yo de recogerlo, porque
tal y como está el mundo a día de hoy, bien me va
a venir.
Aparte
de todo lo anterior, algo bastante mundano y que probablemente
ya habrás olvidado a estas alturas, vamos a ceñirnos
al número en sí, un número dónde os
cansaréis de ver cosas en lápiz, pero, eh, a mi
no me miren, que yo ya soy mayor y escribo con boli incluso los
sudokus. Sin borrar ni nada. A la primera. Palabra.
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