Bien, un número más a las espaldas de este fanzine y tenemos ante nuestros ojos la entrega dedicada a los pelos. Muchos de vosotros pensarán que están ante un texto lleno de típicos y tópicos, pero se equivoca. No pienso decir ninguna frase que me hayan dicho a mí, y os preguntaréis por qué. La respuesta a esa pregunta es bien sencilla: soy calvo. Eso implica que ya me han dicho lo de llegar "por los pelos", que no tengo "ni un pelo de tonto", que me han "tomado el pelo", que no me pase "ni un pelo", que tengo "despejada la azotea", que si "me peino o me saco brillo" y millones de frases "ingeniosas" que me llevan repitiendo año tras año con la misma cara de "felicítame porque soy muy original" por parte del increpante. Eso ha desarrollado en mi un complejo de Cyrano, y que hace que reaccione como lo harían estas personas antes de que ellos mismos puedan pronunciar una sola palabra. En definitiva, me insulto yo solo, y por lo tanto intentaré hacer una reflexión sobre el tema desde un punto de vista menos chistosa y más sesuda. Eso quiere decir que prefiero abordarlo desde una tónica de stand-up comedy y dejar a un lado a Jaimito Borromeo.
Cuando suelo hablar de este tema con mis apesadumbrados amigos y familiares suelen ser muy compasivos conmigo y me suelen decir que los pelos no tienen ninguna importancia. Les doy la razón porque no me falta oxígeno al respirar y no tengo ataques cardíacos cada vez que pierdo un pelo, pero a esas personas quiero preguntarles si se han rapado al cero la cabeza y han salido un día de diciembre a la calle. Seguramente no, y por eso no se dan cuenta de la importancia suma que tienen los pelos (y sobre todo para los que carecemos de ellos).
De pequeño una cancioncilla decía "digan lo que digan los pelos del culo abrigan". Señoras y señores: ES VERDAD y por eso los hombres somos de traseros calientes y las mujeres tienden a tenerlo como una barra de helado de fresa y nata. Este ejemplo se debe extrapolar a los demás sitios donde podemos encontrar pelo (menos el que sale inexplicablemente en os dedos de las manos y de los pies).
No hace mucho un amigo se reía porque estaba lloviendo y me ponía un pañuelo en la cabeza. Me decía que no me preocupara porque no me iba a mojar el pelo, y ni se me iba a estropear el peinado. Tuve que decirle que a los calvos no nos molesta que llueva, sino que caiga agua fría, porque desde la primera gota (que detectamos con extrema felicidad) cuando nos mojamos la cabeza con agua fría es como si nos dieran con un martillo en la coronilla. Es una sensación muy parecida a la que sufrimos cuando se bebe agua helada y nos da un "jama" en las muelas. De manera que no se rían cuando vean la cara de pánico de un calvo en medio de un aguacero.
Pero lo que quizás mis contertulios en charlas capilares no detecten es la repercusión que los pelos tienen en la sociedad, porque cualquier noticia sobre el tema tiene reacciones inmediatas. Hace un par de meses llegó a mis oídos por boca de un "guasón" que en un país (del que no conozco la capital) unos científicos habían dado con la fórmula de la vacuna contra la alopecia (a buenas horas). Esta persona creía que era una noticia sin importancia, pero al poco tiempo me di cuenta de que en el pueblo en el que me crié había tres academias de peluquería distintas y un módulo de FP en dos de los cinco institutos existentes en la localidad. En ese momento me di cuenta de que ser peluquero se había convertido en un trabajo tan seguro como el de un enterrador o un funcionario. Siempre habría alguien a quien pelar, recortar o peinar. Estaba siendo espectador de hechos históricos. La peluquería era el oficio con mejor salida, las barberías y peluquerías no quebrarían jamás, y (por extensión) la prensa del corazón no cesaría jamás de publicar. Miles de puestos de trabajo para las jóvenes promesas de la peluquería, y la aparición de becas muy interesantes por parte de la O.N.C.E. para los calvos y alopécicos del mundo.
En fin, podría estar escribiendo horas y horas sobre este tema (en parte por frustración o porque posiblemente haya reflexionado más del tema que cualquiera que luzca tupé o cresta), pero tan sólo quiero que tengáis en cuenta el tesoro que tienen aquellos que peinan canas o los que se llevan un cuarto de hora para deshacerse los nudos del kiriki.
Y recordad que lo importante no es que crezca el pelo, sino que crezca en las zonas deseadas.
Fdo. Disfruten de este número.