"Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna." (Juan, capítulo 3, versículo 16).
Hola, amigos de lo oculto, este número me viene ni que al pelo... JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA JA
Hoy quería contarles la investigación que concluí el fin de semana en el que, la mayoría de ustedes, se encontraban en el Expocomic. Sinceramente, creo que esto no tiene ningún mérito, basta con citarse en algún lugar y ya está todo hecho.
Por todos es sabido que el cabello humano es el tema principal de la Biblia, el llamado libro de Dios. Eso explica la crucifixión de cristo, el milagro de los panes y los peces, la conversión de agua en vino y principalmente que en el minuto 47 de la película "Como Dios" aparezca un hombre con barba. Pero la lectura de este versículo que cito más arriba es, si cabe, más inquietante. Su traducción al arameo y luego a un sinfín de lenguas orientales, aparte de a código binario, hexadecimal y de barras, me ha llevado a la conclusión de que se refiere, sin el menor atisbo de duda, al propósito del Creador de construir una escalera de pelos para llegar al cielo. Esta escalera sería bastante similar a las escaleras mecánicas del metro (es humillante como ha acabado un grupo musical como Mecano, convertido en piezas de metal para que la gente circule sobre el) pero con mucho mas pelo. Lo cual nos lleva a preguntarnos, ¿existían motores en la época de Cristo? Y lo que es más grave, ¿existía Mecano?.
Pero dejando al margen estos banales temas, encontré ese versículo cuando investigaba por qué había fallado el proyecto de la Torre de Babel. No fue, como piensa el saber popular, siempre ignorante, por un fallo en el suministro eléctrico, provocado por un cortocircuito (en esta leyenda se basó, de hecho, la película del simpático robot). El fallo real fue que no habían construido más que 1 metro de altura. Cuando Babel subió a lo alto de su torre, estiró la mano y pronunció la famosa frase: "¿Por qué aquel pájaro vuela más alto que yo?"
Descubierto esto, comencé a indagar y descubrí lo anteriormente dicho: para llegar al cielo era necesario la creación de una escalera mecánica formada por una gran masa de pelos...pero no de cualquier tipo de cabello, tenía que proceder de una especie animal, concretamente el oso morado de Iguazú. Así que me equipé con mi habitual equipo de viaje y me fui durante unos días a Caracas. La verdad, hacía algún tiempo que quería irme de vacaciones. A la vuelta de mi descanso retomé la investigación. El primer problema con el que me topé era conceptual: ¿Qué es un oso?. Así que hice lo que cualquier investigador en mi lugar. Me aparté de la ventana, no tenía barandillas. Una vez estuve a salvo consulté enciclopedias, manuales de archivística y observé la Capa de Ozono. Sin embargo todos estos esfuerzos fueron insuficientes, veía el final de mi investigación cada vez mas negro. Hasta que un día, me topé, arrastrado por la diosa fortuna, con un amigo que me dijo "Claudio, un oso es un animal" "¡CUÁN CIEGO ESTABA!" Le respondí, mientras me quitaba de los ojos una tabla de madera que me había puesto hacía una década para comprobar que los árboles no eran transparentes.
Al preguntarle a una señora sobre el lugar donde podía encontrar un oso me contestó que en un zoológico. Yo le respondí: "No es tan lógico, si no, no le habría preguntado". Habráse visto tamaña falta de desconsideración. Así, partí al zoo de Madrid y me colé por la noche en la jaula de los osos. Descubrí que los osos tienen costumbres un tanto estrafalarias. En primer lugar, nada más verte te atacan. En segundo, no hablan nuestro idioma. Y finalmente, es completamente imposible razonar con ellos, si exceptuamos el caso del oso jefe, que me confesó estar seriamente preocupado por el estatuto catalán. Este mismo oso me habló también de su admiración por el pueblo español, aunque también le preocupaba que ciertas expresiones racistas (verbigracia, "¿como osas?") siguieran todavía siendo utilizadas. Era un gran tipo, compartimos varias noches en las que no dejamos de reir y de contarnos nuestros problemas. Incluso un día compartimos el cadáver de una niña que se había caído accidentalmente en nuestra jaula. Una vez le hablé del espacio y de Marte. Cual no seria mi asombro cuando me dijo que precisamente su madre, LA OSA MAYOR, era vecina suya. Le comenté que tal era su relación y me dijo que el deleznable planeta nunca pagaba la comunidad y que había noches que ponía la música (tenia debilidad por los Beatles) hasta las tantas de la mañana. Otra razón más para odiarlo infinitamente. Cuando le hablé de la escalera al cielo, me comentó que no conocía ningún oso morado pero que estaba dispuesto a pintarse de eso color para que yo pudiera arrancarle uno a uno todos sus pelos. Yo no entendí por qué me hablaba de economía en ese momento. Posteriormente, puse en un antiguo radio-cassete que tenía la canción "Starway to Heaven" y me embarqué en la misión de subir al cielo, intentando subir unos escalones imaginarios creados por la melodía de la famosa canción, pero la magia de la música no fue suficiente. De nuevo, mi amigo el oso, insistió en pintarse de morado y en que le arrancara los pelos. "¡PERO QUE PINTA AQUÍ KEYNES!", le dije indignado, cansado de que siguiera con la bromita de marras. Antes de que terminara mi exabrupto, mi amigo ya había desaparecido y, milagros del destino, tuve ante mis ojos a un auténtico oso morado:
- Claudio, ya puede empezar - me dijo con tono firme. ¿Cómo podía saber mi nombre?
- Disculpe, su tono de voz me es familiar - y en cierto modo, lo era.
- Verás, Claudio, soy yo, el oso con el que hablabas hasta hace unos instantes. Sólo me he pintado de rosa.
- No se como debo repetirle que no me interesan ahora esos temas. Vaya - me quedé perplejo-, es usted un oso morado de Iguazú.
- Así es.
- ¿Me deja cogerle su pelo para construir una escalera que llegue al cielo?
- ¡CLARO QUE QUIERO! ¡PERO HÁGALO YA!
Recordé en esos instantes que los osos son unos animales violentos por naturaleza, sin duda aquella salida de tono no podía presagiar otra cosa que un ataque hacia mi persona. Así que salte sobre él antes de que me agrediera, y aproveché para ir haciéndome con sus pelos. El oso, en todo momento, se mostraba fiero y lanzaba improperios como "¿Cómo vas, Claudio?", "¿Necesitas ayuda? Puedo ir quitándome yo los de los brazos" o "¿Sabes que mi padre realmente es Jaime Ostos?". Acabé mi tarea en cuanto pude y huí del lugar con gran celeridad.
En cuanto llegué a un descampando, comencé la construcción de mi gran obra. Pasados unos minutos, había agotado todo el pelo y la escalera no se elevaba más de 5 centímetros. Bramé, contra mi suerte, pero no me rendí. Me acerqué al bar más cercano que había y pregunte donde podía encontrar un oso morado. El dependiente me dijo que el único lugar donde los había visto era en la serie de televisión "Los osos amorosos". Así que compré todos los DVDS editados pero resultó ser una engañifa: Los osos morados de la portada eran de plástico y los que salían por la televisión eran de cristal, y además por dentro no tenían más que una serie de artilugios electrónicos. Pude escuchar, mientras recogía los trozos de mi televisor, una frase que pronunciaba la cantante de Amaral en esos momentos: "A mí me gusta depilarme, no me gusta sentirme como un oso". Así que las mujeres no eran más que osos depilados... y yo nunca he visto una mujer morada... JA JA JA JA JA Jesús, gran broma la de tu libro JA JA JA JA Un punto para ti.
En resumen amigos, es imposible llegar al cielo con una escalera de pelos de mujeres moradas.
Claudio Buenafuente Merín