Muerte, qué bonita palabra... podría reflexionar sobre el significado que se le ha dado al paso al otro barrio por parte de todas las civilizaciones a lo largo de la historia. Pero eso está muy visto, la típica escena de los amigos normalmente confundidos (o aclarados) por las mayores vertientes alucinantes del momento divagando sobre temas esotérico-bioquímicos y explicando su concepción del universo como unos gigantes bigotudos que juegan a las canicas con esferas cuadradas. Asi que no les hablaré de la muerte, pensaba hablarles de la liga de fútbol, de la crisis petrolera o de la pesca submarina en alta montaña pero en su lugar no les hablaré de nada, solo pondré cosas sin sentido, pues despues de todo la vida no lo tiene, ¿verdad, amigos nihilistas? Pues no señor, nada es seguro en esta vida, excepto claro la propia muerte que nos ocupa en este entrañable número, que por cierto hace el 20.
Sí, señores, hemos llegado a los 20, ya hemos pasado la niñez y la adolescencia y nos disponemos a entrar en esa etapa tan bonita en la que suele dilapidarse la vida y empezar a desear a nuestra querida muerte en la llamada crisis de los 30 (que no es otra cosa que un adelanto de la de los 40, ¡esa sí que es chunga! Pero hasta entonces queda comentaros las novedades, sí, señores, ¡por fin nos mudamos! Y no de gayumbos precisamente, en breve tendremos nueva servidor y nueva dirección en plan profesional gracias al Venerado Nathan que esquivó a las fuerzas del maligno para que nos hicieramos un nombre en la cruel red global.
Así pues, queda abierta la veda y a partir de este momento admitiremos nuevos colaboradores, siempre que cumplan los mínimos requisitos que se necesitan en toda secta mortuoria que se desprecie. Y ya les dejo, que se que están deseando gozar con nuestras series... Vale de acuerdo, este fanzine no le interesa a nadie, por eso hemos llegado a este tema, en homenaje a aquellos valientes de Guyana en los 70 tomaremos el suicidio colectivo como antídoto contra nuestro fracaso. Si es quie la muerte cura, limpia, dignifica, y da sentido a nuestras lamentables vidas de comediante. Y si no, que se lo digan a Ramón Sampedro (¡oh, si ya es cruel hacer bromas sobre un hemipléjico muerto, más aún es plagiar dichas bromas en el siguiente editorial y pretender que nuestros agradables lectores no se piensen que les estamos tomando el pelo!). Lo dicho, recuerden que desear la muerte está muy mal, ¡recuérdenlo sobre todo cuando piensen en nosotros!
MUERTE
PD: Las autoridades sanitarias NO advierten que si no fumas también la palmas!